miércoles, 10 de julio de 2013

Niña violada ignora pedido de aborto y asegura que amará a su bebé

En medio de una cultura de muerte a favor del aborto, el ejemplo de un alma pura que sabe perdonar. Dios existe y se encuentra en donde menos lo imaginamos y obra grandes maravillas por amor.
SANTIAGO, 09 Jul. 13 / 05:56 pm (ACI/EWTN Noticias).- En medio de las presiones del lobby del aborto en Chile y América Latina, la pequeña niña de 11 años que fue violada por su supuesto padrastro, aseguró que va a tener entre sus brazos a su bebé y que lo va a querer mucho.
En declaraciones al Canal 13 de Chile, la pequeña, identificada con el seudónimo de "Belén", aseguró que a su bebé "la voy a querer mucho, aunque sea de ese hombre que me hizo daño".
"Igual nomás, la voy a querer", dijo en la entrevista, asegurando que "va a ser como una muñeca que voy a tener en mis brazos".
"Belén" confesó que no denunció ante su madre las violaciones a la que era sometida por su "padrastro" debido al miedo, pues él la amenazaba con que mataría a su madre y a su hermano.
La abuela de "Belén", quien tiene la custodia, dijo a la prensa local que "ella ama a su guagüita. Si alguien se la quiere quitar, le van a destrozar su alma".
El científico chileno Elard Koch, Director del Instituto de Epidemiologia Molecular (MELISA) de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, advirtió en un artículo publicado hoy que "un robusto cúmulo de evidencia científica, sugiere actualmente que el aborto como tal no resuelve el problema".
Por el contrario, advirtió, el aborto inducido, legal o ilegal, por coerción, como en el caso de una mujer obligada a abortar, "permanece muchas veces oculto, especialmente en menores de edad, convirtiéndose en una forma de perpetuar un ciclo de violencia que puede dejar impune al violador y condenar a la mujer o niña abusada a permanecer en este círculo vicioso".
Una noticia para meditar, y no solo eso, para rezar mucho por esta niña que tan valiente es en tiempos tan difíciles.
Salve María

martes, 9 de julio de 2013

Extractos de la encíclica Lumen Fidei del Papa Francisco

Aquí compartimos con ustedes unos extractos de la encíclica Lumen Fidei de Nuestro querido Papa Francisco.

Bienaventurada la que ha creído (Lc 1,45)
58. En la parábola del sembrador, san Lucas nos ha dejado estas palabras con las que Jesús explica el significado de la « tierra buena »: « Son los que escuchan la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia » (Lc 8,15). En el contexto del Evangelio de Lucas, la mención del corazón noble y generoso, que escucha y guarda la Palabra, es un retrato implícito de la fe de la Virgen María. El mismo evangelista habla de la memoria de María, que conservaba en su corazón todo lo que escuchaba y veía, de modo que la Palabra diese fruto en su vida. La Madre del Señor es icono perfecto de la fe, como dice santa Isabel: « Bienaventurada la que ha creído » (Lc 1,45)
En María, Hija de Sión, se cumple la larga historia de fe del Antiguo Testamento, que incluye la historia de tantas mujeres fieles, comenzando por Sara, mujeres que, junto a los patriarcas, fueron testigos del cumplimiento de las promesas de Dios y del surgimiento de la vida nueva. En la plenitud de los tiempos, la Palabra de Dios fue dirigida a María, y ella la acogió con todo su ser, en su corazón, para que tomase carne en ella y naciese como luz para los hombres. San Justino mártir, en su Diálogo con Trifón, tiene una hermosa expresión, en la que dice que María, al aceptar el mensaje del Ángel, concibió « fe y alegría »[49]. En la Madre de Jesús, la fe ha dado su mejor fruto, y cuando nuestra vida espiritual da fruto, nos llenamos de alegría, que es el signo más evidente de la grandeza de la fe. En su vida, María ha realizado la peregrinación de la fe, siguiendo a su Hijo[50].50 Así, en María, el camino de fe del Antiguo Testamento es asumido en el seguimiento de Jesús y se deja transformar por él, entrando a formar parte de la mirada única del Hijo de Dios encarnado.
59. Podemos decir que en la Bienaventurada Virgen María se realiza eso en lo que antes he insistido, que el creyente está totalmente implicado en su confesión de fe. María está íntimamente asociada, por su unión con Cristo, a lo que creemos. En la concepción virginal de María tenemos un signo claro de la filiación divina de Cristo. El origen eterno de Cristo está en el Padre; él es el Hijo, en sentido total y único; y por eso, es engendrado en el tiempo sin concurso de varón. Siendo Hijo, Jesús puede traer al mundo un nuevo comienzo y una nueva luz, la plenitud del amor fiel de Dios, que se entrega a los hombres. Por otra parte, la verdadera maternidad de María ha asegurado para el Hijo de Dios una verdadera historia humana, una verdadera carne, en la que morirá en la cruz y resucitará de los muertos. María lo acompañará hasta la cruz (cf. Jn 19,25), desde donde su maternidad se extenderá a todos los discípulos de su Hijo (cf. Jn 19,26-27). También estará presente en el Cenáculo, después de la resurrección y de la ascensión, para implorar el don del Espíritu con los apóstoles (cf. Hch 1,14). El movimiento de amor entre el Padre y el Hijo en el Espíritu ha recorrido nuestra historia; Cristo nos atrae a sí para salvarnos (cf. Jn 12,32). En el centro de la fe se encuentra la confesión de Jesús, Hijo de Dios, nacido de mujer, que nos introduce, mediante el don del Espíritu santo, en la filiación adoptiva (cf. Ga 4,4-6).
60. Nos dirigimos en oración a María, madre de la Iglesia y madre de nuestra fe.
¡Madre, ayuda nuestra fe!
Abre nuestro oído a la Palabra, para que reconozcamos la voz de Dios y su llamada.
Aviva en nosotros el deseo de seguir sus pasos, saliendo de nuestra tierra y confiando en su promesa.
Ayúdanos a dejarnos tocar por su amor, para que podamos tocarlo en la fe.
Ayúdanos a fiarnos plenamente de él, a creer en su amor, sobre todo en los momentos de tribulación y de cruz, cuando nuestra fe es llamada a crecer y a madurar.
Siembra en nuestra fe la alegría del Resucitado.
Recuérdanos que quien cree no está nunca solo.
Enséñanos a mirar con los ojos de Jesús, para que él sea luz en nuestro camino.
Y que esta luz de la fe crezca continuamente en nosotros, hasta que llegue el día sin ocaso, que es el mismo Cristo, tu Hijo, nuestro Señor.

Salve María