miércoles, 29 de mayo de 2013

Las cadenas de la Santa Esclavitud de Amor


            Una de las practicas exteriores de la Total Consagración enseñada por San Luis Maria Grignion de Montfort es el uso de cadenas de hierro (cf. TDV 236-242). Por mas que no sea una práctica obligatoria usar las cadenas, San Luis exhorta que es “muy loable, muy glorioso y útil” que los esclavos por amor usen desde que tengan permiso de su director espiritual. ¿Y por qué nos es útil usar las cadenas de la santa esclavitud? Primeramente y principalmente porque ellas nos hacen recordar nuestras promesas bautismales, pues la Total Consagración a la Santísima Virgen es una perfecta renovación de dichas promesas. Antes del Bautismo éramos esclavos del demonio, pues ya nacemos con el pecado original, en el bautismo nos hacemos esclavos de Nuestro Señor Jesucristo. Esas promesas que hicimos en el día de nuestro bautismo de renunciar a Satanás, a sus pompas y sus obras y de consagrarnos al servicio de Jesucristo, en el día de nuestra Total Consagración entregamos en manos de la Santísima Virgen por esas palabras: “Yo, infiel pecador, renuevo y ratifico hoy, en Vuestras manos, las promesas de mi bautismo: renuncio para siempre a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y me entrego enteramente a Jesucristo… Y para serle más fiel de lo que ahora he sido, te escojo hoy María, por mi Madre y Señora.” Es como si tomásemos nuestro bautismo y lo entregásemos en las manos virginales de María Santísima y dijésemos “! Madre mía ayúdame a ser fiel a Dios! ¡Ayúdame a ser santo!” El concilio de Sens llego a la conclusión que la principal causa de corrupción de las costumbres provenga del olvido e ignorancia de las promesas bautismales. Las cadenas nos hacen recordar que no somos mas esclavos del demonio, y si pertenencia de Cristo. Infelizmente, nosotros, seres humanos, nos olvidamos fácilmente de nuestras promesas para con Dios, por eso es útil que carguemos alguna señal exterior, para que durante nuestro día a día al mirar las cadenas nos recordemos de nuestra entrega Total a Jesús por María.

            Otro motivo que nos presenta San Luis para usar las cadenas, es para que mostremos que no nos avergonzamos de ser esclavos de Jesucristo, y que renunciamos a la hedionda esclavitud del mundo, del pecado y del demonio. Los judíos no se avergonzaban de usar un cordón en la cintura para recordarse de todos los mandamientos del Señor (cf. Nm 15, 38). ¿Por qué nos avergonzaríamos de usar las pequeñas corrientes que nos hacen recordar nuestras promesas bautismales?
            Cuando usamos cadenas también ganamos la oportunidad de ser apóstoles de la Total Consagración, pues las personas terminan preguntándonos el significado de traer al cuerpo tan despreciable objeto, y ahí tenemos la oportunidad de hablar sobre a consagración. A veces también muchas personas intentan burlarse y acusarnos a causa de las cadenas, principalmente los protestantes que nos dicen frases como esta: “Tú estás atado! Jesús ya nos liberó” y ese tipo de frases termina siendo profética, pues realmente estamos atados, atados a Jesús y a María por vínculos de Amor! Y participamos de modo especial de la paradoja de la verdadera libertad de la esclavitud por amor. Ya no traemos más las cadenas de la esclavitud del demonio, del mundo y de la carne, pero sí las cadenas gloriosas de la esclavitud voluntaria y por amor a Jesús y María, y “tal vez en el día de la resurrección de la carne, en el gran momento del juicio final, esas cadenas, que todavía rodearán sus huesos, constituyan parte de su glória y sean transformadas en gloriosas cadenas de luz” (TDV 237).
            Otro motivo que tenemos para abrazar esa práctica exterior es el ejemplo de los santos, a comenzar por el propio San Luis Grignion que traía como penitencia una cadena enrollada por todo su cuerpo, sus biógrafos dicen que el no podía ni siquiera hacer una reverencia profunda, pues sus cadenas no lo permitían. Santo Odilon se consagró públicamente como esclavo de la Santísima Virgen y pasando al cuello una cadena recito la siguiente fórmula: “Oh benignísima Virgen y Madre de mi Salvador, desde este día hasta mi muerte, cuídame como a tu esclavo”. El Santo Cura de Ars incentivaba que los esclavos por amor mandasen bendecir las corrientes y que las usasen. La beata Inés de Langeac cuando aún era niña escuchó una voz que le dijo: “Hazte esclava de la Santísima Virgen, y ella te protegerá de tus enemigos” En el mismo día ella se consagró como esclava de la Virgen María y por señal de su esclavitud, se puso al cuello cruzando sobre el pecho y ató a la cintura una cadena de hierro, que conservó la vida entera. Esta cadena llegó a penetrar tan profundo en su carne, que se hizo invisible. Le apareció un día la Santísima Virgen y le puso al cuello una cadena de oro, en prueba de la alegría que le había causado al hacerse esclava suya y de su Hijo.
            Por último, una gran razón para abrazar esta práctica son las promesas que traen en la misma bendición de las cadenas compuesta por M. Boudon, probablemente la misma que usaba San Luis. En la oración de bendición el sacerdote pide a Dios: 1º. Que aquel que traiga las cadenas sea liberado de la esclavitud del mundo y del poder del diablo; 2º que las cadenas sean para los que la usen una señal de presagio, para que los que lo odian, viendo las cadenas queden confundidos; 3º que envíe un Ángel, para que cuide y favorezcan todos sus caminos; 4º que sienta continuamente la ayuda de la divina providencia todos los días de su vida y hasta en la hora de la muerte; 5º que alcancen la virtud de la verdadera humildad y una renovada castidad; 6º que sean libres de la corrupción de la carne, de los peligros de las tentaciones y de las seducciones de este mundo; 7º que tengan una auténtica conformidad con la santa voluntad de Dios; 8º que obtengan el espíritu de caridad y el don de la paciencia; 9º que destruya sus pecados para que el remordimiento de su consciencia no les haga daño; 10º que dejen de lado al hombre viejo con todos sus modos de actuar y se vistan con el hombre nuevo; 11º que derrote todos los enemigos; 12º y que por intercesión de la Virgen María, la gracia de Dios no los abandone.

            No dejemos que el demonio nos engañe con falsos pretextos para no hacer uso de las cadenas de la Santa Esclavitud, pues como enseña San Luis en relación a esa práctica de usar las cadenas, seria “pernicioso despreciarla y condenarla, y peligroso hacer negligencia”. Por fin exclamemos como el santo Montfort: “Oh cadenas mas preciosas y más gloriosas que los collares de oro y de piedras preciosas de todos los emperadores, pues nos unen a Jesucristo y a su Santa Madre, y representan para nosotros sus gloriosas marcas”

Hermano Pio del Santísimo Misterio del Calvario.
“Quotidie morior”

martes, 28 de mayo de 2013

LA SANTA ESCLAVITUD DE AMOR

         La Santa Esclavitud a Jesús por María es una práctica de devoción muy antigua que remonta a los primeros siglos de la Iglesia. Con el pasar de los siglos, experimentó una admirable evolución, en el sentido de que cada vez mejor se ha comprendido que esta práctica significa en el contexto de la fe. Pasando por la escuela francesa del siglo XVII del cardenal de Berulle, Boudon, Olier, Condrem, San Juan Eudes, etc., fue en San Luis María Grignion que la doctrina y la práctica de Santa esclavitud encontró su expresión más perfecta, así que es también por medio de este grande apóstol de María que esta práctica de devoción se ha cambiado popular. La doctrina y espiritualidad de Santa Esclavitud de Amor fue inmortalizada por San Luis Maria Grignion, en el célebre escrito “El Tratado de la Verdadera Devoción a Santísima Virgen”. Tal libro demuestra con gran sabiduría, clareza y unción quién es la Santísima Virgen, cuál es su papel en la vida de la Iglesia y de cada persona en particular, de hecho el libro muestra la misión materna que Dios confió a Santísima Virgen, las razones y la manera como Dios sujetó a ella todos los corazones, así como el papel de Santísima Virgen en el establecimiento del reinado de Cristo y su unión íntima con el segundo adviento de su hijo.
            Es Tratado de la Verdadera Devoción a Santísima Virgen fue escrito por San Luis Grignion de Montfort en 1712, y debida a la gran fuerza que ese escrito tiene para llevar a las personas a la verdadera santidad fue, fuertemente combatido por el enemigo infernal. El demonio quiso verdaderamente destruirlo, pero Dios no lo permitió, sin embargo, el enemigo escondió ese tratado durante ciento treinta años. Todo eso fue admirablemente predicho y escrito por San Luis, en el propio Tratado de Verdadera Devoción donde Él narra: “Veo animales fermentes que se precipitan furiosos para destruir con sus dientes diabólicos este pequeño manuscrito y a aquél de quién el Santo Espíritu se sirvió para componerlo, o por lo menos para hacer quedar escondido en silencio de un baúl para que no aparezca” (T.V.D. 112). Así este libro escrito en 1712, desapareció y fue reencontrado solo en 1842 en un baúl de libros viejos. Publicado en 1843 se cambió lectura obligatoria de toda alma piadosa que buscase la santidad. De hecho, San Luis predijo la ocultación del libro, así como predijo también su reaparición y su éxito (c.f. T.V.D. 112), de modo que después que fue publicada la obra, la Santa Esclavitud se cambió vía espiritual de muchos Santos que se hicieron esclavos de María Santísima y en la escuela de su Inmaculado Corazón aprendieron a amar a Dios e a hacer su santa voluntad. Santos como San Juan María Vianey, San Juan Bosco, San  Domingos Sabio, Santa Teresita, Santa Gema Galgani, San Pío X, San Pío de Pietrelcina y tantos otros santos y santas de nuestro tiempo, vieron, la total consagración a Santísima Virgen no una “devoción cualquiera” o “más una devoción”, pero una Devoción Perfecta, aquella devoción querida por Jesús al hacer de cada uno de nosotros hijos de su Madres Santísima.
            En nuestros días unos de los mayores apóstoles, fue el gran Papa Juan Pablo II, que se hizo esclavo por amor cuando aún era seminarista. Y de tal manera esta total consagración ordenó su vida y misión que adquirió como su lema personal el “Totus Tuus Mariae”. Juan Pablo II fue un testimonio fortísimo de esta consagración en la vida de una persona.
            1 - ¿Qué es la Santa Esclavitud de amor?
            La total consagración a Nuestra Señora, o la santa esclavitud de amor es la entrega de todo que somos y que tenemos a Santísima Virgen para que a través de ella podamos más perfectamente pertenecer a Dios.        La finalidad de esta total entrega a Nuestra Señora es la de unirnos a Jesús Cristo y hacer crecer en su gracia. Nos entregamos totalmente a Nuestra Señora para que ella nos enseñe a cumplir en nuestra vida la Santísima voluntad de Dios.
            San Luis Maria Grignion de Montfort llama a Santa esclavitud de amor de “la verdadera devoción” simplemente porque ella nos muestra quién es Nuestra Señora, cuál es su lugar en el plan de la salvación y su misión en la vida de la Iglesia y de cada uno de nosotros. La doctrina de la Santa esclavitud nos hace ver que Jesús nos dio a Maria como verdadera madre, nuestra educadora, y al mismo tiempo nos invita e nos hace arrojar a los cuidados de esta buenísima Señora que atiende al mando de Jesús que mirando para nosotros nos dice: “Eh ahí tu madre”. Así por la total consagración de nosotros mismos a la Santísima Virgen estamos diciendo nuestro sí a Jesús que nos la ha dado por madre a fin de que Ella nos enseñe a hacer todo que Él mandó.
            Del punto de vista pastoral la necesidad y eficacia de la total consagración a Nuestra Señora son siempre actuales, una vez que esta consagración y devoción no son más que la perfecta renovación de las promesas de nuestro santo bautismo. De hecho los concilios así como muchos Papas dijeron sobre la necesidad de recordar los cristianos los votos de su bautismo y de su estado de pertinencia a Dios, así por la Total Consagración, nosotros renovamos ahora nuestras promesas bautismales, y recuperamos la conciencia de nuestro estado de pertinencia a Dios. Todo eso a través de María, como Jesús quiere, para que Ella nos enseñe a ser fieles a nuestra adhesión a Cristo bien como de la renuncia de todo mal.
           

2 - ¿Qué ocurre con nosotros cuando nos consagramos con María Esclavos por Amor?
            Nosotros confirmamos la soberanía de Dios y de la Santísima Virgen en nuestras vidas, entregando TODO que somos y que tenemos a Jesús por las manos de María. Aquí, TODO quiere decir TODO. Nuestro cuerpo con todos los bienes materiales y nuestra alma con todas nuestras riquezas espirituales, nuestros pensamientos, nuestros deseos y voluntades. Así, mismo los méritos de nuestras oraciones, sacrificios y buenas obras pasan a pertenecer a María Santísima para que Ella pueda usarlos como le apruebe. Por la Santa Esclavitud de Amor pasamos a no poseer nada más. Todo pasa a ser de María, para que de este modo todo pueda ser de Dios. Cuando hacemos esta consagración y la vivimos obtenemos un aumento admirable en nuestro “Capital de Gracias”, y por eso nos santificamos más rápidamente y de manera más perfecta y segura. De hecho María Santísima es un camino fácil, corto, seguro y perfecto para unirnos a Jesús y crecer en su gracia.
            Santo Agustino, dice que María es el molde de Cristo (forma DEI). Por su vez dice San Tomas de Aquino que nuestra vida cristiana consiste en rehacer en nosotros la imagen y semejanza de Dios perdida por el pecado, es decir, debemos volvernos semejante a Jesús en nuestra manera de ser, pensar e hacer.  Debemos imprimir en nuestra alma la fisonomía de Nuestro Señor para amar como Jesús amó, pensar como Jesús pensó, vivir como Jesús vivió...etc. Para esto nada más oportuno que esta consagración, una vez que María Santísima es el gran molde en el que Jesús fue formado. Así, todo aquél que echarse y deshacerse dentro de este molde saldrá con las ficciones de Jesús. La consagración es la manera perfecta y la vivencia de esa devoción es la manera por la cual nos deshacemos en el mismo molde, es decir cuando nos entregamos totalmente a María, Ella nos enseñará a ser, pensar y vivir como Jesús.

3 - ¿Quién puede hacer esta total consagración y como hacerla?
            Todos los que quieren vivir en su bautismo y pueden y deben hacer esta consagración, es decir todos los que quieren ser santos, que creen en Jesús Cristo y en toda su doctrina tal cual nos transmite la Santa Iglesia. Quien hace restricciones a la doctrina de Jesús Cristo enseñada por la Santa Iglesia o quien no puede (o no quiere) vivir en comunión eucarística no puede hacer esta consagración.

4 - ¿Cómo se hace esta consagración?
            Para hacer esta consagración es necesario primero conocerla; leyendo y escuchando el Tratado de la Verdadera Devoción escrito por San Luis de Montfort y otros libros que tratan sobre la Santa Esclavitud, escuchando charlas y participando de encuentros y retiros sobre el tema. Después de tener conciencia de que se trata esta Consagración y de cómo debe vivirla se puede quedar una fecha y hacer las prácticas preparatorias que tardarán un mes, ocupándose cerca de cuarenta o cincuenta minutos por día. La secuencia de preparación es la siguiente:
I – Doce días preliminares – Para desprenderse del espíritu del mundo la adquisición del Espíritu de Dios. Donde se medita nuestra vocación a la santidad, desprendiéndose de todo que pueda perjudicar a la santificación para ir al cielo.
II – Primera semana – Para el conocimiento de sí mismo. Se trata de un período para hacer un profundo examen de conciencia a partir de lo que debemos perfeccionar buscando en todo ser agradable a Dios.
III – Segunda Semana – Para el conocimiento de la Santísima Virgen de su persona, su misión, de las gracias de las cuales Ella es repleta, de sus sublimes virtudes, de sus privilegios, etc. De forma que conociéndola mejor podamos amarla más y honrarla como Ella se lo merece.
IV – Tercera semana – Para el conocimiento de Jesús Cristo nuestra Gran Finalidad, nuestro Gran Dios y Señor.
            Aquí debemos meditar en el Misterio de la aparición, de la vida, pasión, muerte y Glorificación de Jesús Cristo, el Hijo de Dios. Debemos contemplar la encantadora vida de Jesús, su persona y su doctrina, para que así podamos creer en él con profunda convicción, amarlo con amor encendido de forma a despertar en nosotros un gran deseo de hacerlos conocido, amado y adorado, por todos.
            Durante esta preparación de un mes (o 33 días), se hace una confesión general y el día elegido (preferiblemente en una fiesta Mariana) participe del Santo Sacrifico de la Misa y recibe Jesús en el Santísimo Sacramento. Después de la Acción de Gracias (y como Acción de Gracias) recita la fórmula de la Consagración que debe estar previamente copiada (preferiblemente escrito a mano) y firmado. Cuando el sacerdote tiene conocimiento de la consagración y aporta este acto puede pedir que él firme la hoja como director espiritual y bendiga las cadenas (si son utilizadas).

5 - ¿Cómo se debe vivir un consagrado y cuáles son sus deberes?
            Práctica interior – El esencial de esta devoción consiste en hacer todas las cosas por María, con María, en María y para María, para más perfectamente hacerlas por Jesús, con Jesús, en Jesús y para Jesús. Vivir en un estado de abandono y confianza para con Nuestra Señora confiando a ella todas nuestras necesidades, problemas sufrimientos, alegrías, decisiones, negocios, ... etc. Como un niño pequeño coger de las manos con esta buena madre y dejar conducirse por ella. En todo recorrer a ella. Se debe hacer todo como ella lo hace. Bien decir a Dios y adorarlo con su corazón. Prácticas exteriores – Debemos también cantar las glorias de María, honrarla con todo amor, anunciando su dignidad y sus privilegios, enseñado a todos y en todo lugar. Qué es la verdadera devoción a Ella. Debemos contemplar los misterios del Santo Rosario, participar de sus fiestas, suscribir en sus cofradías, hacer y renovar siempre la Consagración a Ella y llevar las personas a hacer lo mismo. Se debe usar las pequeñas cadenas de hierro u otros tipos de cadenas como señal de nuestro amor y de nuestra consagración a Ella, etc. Mientras tanto, es necesario observar que estas prácticas son esenciales, pero son de gran utilidad para exteriorizar nuestro amor a Jesús y María y edificar nuestro hermano.

6 – La difusión y la práctica generalizada de la Santa Esclavitud de Amor llevará al Triunfo de la Santísima Virgen, y al reinado de Jesús.
            Por fin es importante acordar que la Santa Esclavitud de Amor, en el pensamiento y en la doctrina de San Luis de Montfort, no es “más una devoción”, y mucho menos “una devoción cualquier”, sino que es el medio que la providencia divina eligió  para establecer en el mundo el triunfo de María y en consecuencia el reinado de Jesús. Si así lo queremos que venga pronto el prometido Triunfo del Corazón de María y el Imperio de Jesús sobre toda humanidad, busquemos todos hacer, vivir y propagar la Santa Esclavitud de Amor.

Pe. Rodrigo Maria (fundador de la Fraternidad Arca de María)

viernes, 24 de mayo de 2013

Amar poco a la Santísima Virgen es amar menos a Nuestro Señor



San Luis Maria Grignion de Montfort hace 300 años atrás ya nos alertaba sobre los devotos escrupulosos, “que son aquellas personas que temen deshonrar al Hijo honrando a la Madre, rebajar a uno al elevar a la otra”(TDV 94). Muchas veces ese tipo de personas son hasta bien intencionadas, pero infelizmente poco instruidas, no saben que la finalidad de la verdadera devoción para con la Madre de Dios es la glorificación de Dios y nuestra santificación por medio de la lucha constante en reproducir las virtudes de la Reina del Cielo. Es imposible que la vivencia de la verdadera devoción enseñada por San Luis nos aleje del Señor, pues esta devoción nos hace recorrer el mismo camino que Dios escogió para armar su tienda entre nosotros, este camino que es el de la Santísima Virgen. Dios siendo perfectísimo solo obra perfectamente, por eso debemos utilizar ese camino perfecto para irnos hasta El, pues es un camino seguro, sin mancha alguna de pecado, camino diseñado por el propio Dios.

Hasta en una dirección espiritual, por más que sea una práctica muy santa y aconsejada, puede ocurrir accidentalmente un distanciamiento de Dios, pues el director que es un hombre pecador como nosotros, puede en vez de conducirnos a Dios, conducirnos a sí mismo, para su “propia santidad”, pero con la Santísima Virgen es imposible que esto ocurra, pues en ella no hay inclinación alguna al pecado, su única inclinación “es unirnos a Jesús su hijo” (TVD 75). ¿Qué hizo Nuestra Señora cuando Santa Isabel llena del Espíritu Santo la alabo? ¡Ella canto el Magníficat, exaltando a Dios y transfiriendo las alabanzas! Y lo mismo Ella hace cuando entregamos a Dios nuestras ofertas a través de sus manos, Ella “las purifica, embellece y las hace aceptables a su hijo” (TDV 146) La Santísima Virgen en su vida terrestre ya era toda conformada con la voluntad de Dios, y ahora en el Cielo lo es todavía más, visto que la gloria perfecciona la gracia.
Debemos exorcizar ese espíritu de escrúpulo que quiere persuadirnos de que la devoción a la Santísima Virgen opaca la devoción a Jesús. Si, debemos exorcizar, pues eso es una ilusión demoníaca! Lo que damos a la Santísima Virgen no es lo que sacamos de Jesús, pero lo que sacamos de la devoción a la Ss. Virgen implica una deficiencia en nuestra devoción a Jesús. Donde la devoción a la Ss. Virgen es superficial, “Jesús no es amado, los herejes no se convierten, la Iglesia no es exaltada, los sacramentos no son frecuentados como deberían ser”, así se quejaba el Padre Faber, sacerdote inglés que murió en fama de santidad. Mis hermanos, amar poco a la Ss. Virgen es amar menos a Nuestro Señor. No temamos, la Santa Madre Iglesia nos enseña que “el culto que es dirigido a la Virgen Madre de Dios, es una señal de predestinación” (Pio XII), e nosotros nunca la amaremos más de lo que Nuestro Señor Jesús la amó. Debemos pedir siempre a Dios un corazón como el de la Virgen para amar a Jesús y un corazón como el de Jesús para amar a la Virgen!
San Luis nos dice que “lo que nos atraerá más fuertemente para abrazar esta devoción a la Ss. Virgen es ser ella el medio admirable para perseverar y ser fieles” (TDV 173) a pesar de las cruces que nos esperan pues los “más fieles siervos de la Santísima Virgen son sus mayores favoritos. Por eso son ellos los que reciben de Ella las mayores gracias y favores del Cielo, a saber, las cruces” (TDV 154). Miremos el ejemplo de los santos que vivieron esta verdadera devoción. Solamente su ejemplo ya debería ser bastante para abrazar esta Total Consagración. ¿Por acaso el glorioso martirio de San Teofano Vernard, fiel discípulo de San Luis, no es señal de una firmeza en la fe? Es la manera que el Papa Juan Pablo II enfrentó sus enfermedades, renovando siempre su Totus Tuus, ¿No era una confianza plena en su Reina? Y el heroísmo y el coraje de los solados de Vendea, tierra evangelizada por San Luis y marcada por la Total Consagración, ¿No es señal de un verdadero amor a la Santa Religión Católica? Y la vida de San Maximiliano Maria Kolbe, ¿No fue señal de una perfecta caridad para con el prójimo? Carísimos, a ejemplo de los santos entremos en la escuela del Inmaculado Corazón de María, hagamos y vivamos la Total Consagración y ayudemos así, con nuestra vida, a cumplir aquella primera profecía: “Ipsa conteret – Ella aplastará” (Gn. 3, 15).
Hermano Pio del Santísimo Misterio del Calvario
“Quotidie morior”

jueves, 23 de mayo de 2013

1º Conságrate - 1 de Mayo del 2013

     Fue realizado el día 1 de Mayo en el santuario de Schoenstatt, organizado por los Hermanos y Hermanas de Arca de Maria, estuvieron 160 personas, predicaron el Diacono Edvaldo y el Hno. Leon, de la Fraternidad Arca de Maria, rezamos el Rosario e hicimos adoración al Ss. Sacramento, también se realizó una procesión con la imagen de la Ss. Virgen, e concluimos con la Santa Misa según la Forma Extraordinaria del Rito Romano, celebrada por el  Rev. P. Antonio Ortigoza.




































































































Salve María